Selecciones Marvel. La Cosa: el proyecto Pegaso

 


Edición original: Marvel Comics – julio – diciembre – 1979
Edición España: Comics Forum – enero 1999
Guión: Mark Gruenwald, Ralph Macchio
Dibujo: John Byrne, George Pérez
Entintado: Joe Sinnott, Gene Day
Color: Bob Sharen
Portada: John Byrne, Joe Sinnott
Precio: 995 pesetas (tomo en tapa blanda de 112 páginas)

 

Hace unos días escribía el compañero Pedro Monje en torno a la intención de Panini de acortar a tres meses la diferencia entre las ediciones estadounidense y española de los tebeos marvelianos y, al leer ese anuncio (que, como se indica en el artículo en cuestión, se anunció en Internet un 28 de diciembre) no pude evitar una punzada de nostalgia al recordar los mil y un formatos, explicaciones y contratiempos que en otros tiempos circulaban para justificar una situación bien distinta: páginas impresas en las contraportadas, formatos bimestrales, desfase entre series que debían continuarse en una misma saga, historias que una y otra vez eran reclamadas por la afición (la cual recibía como respuesta-tipo las palabras “está en estudio”). En este caso no se puede decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque solamente la nostalgia permite recordar con cariño tantos vaivenes. Paradojas de la vida, los formatos que utiliza Panini son tan variopintos y diferentes como los que antaño usara Forum, pero uno (quizá porque ya peina muchísimas canas y tiene una edad muy mala) encuentra más cariño vertido en las viejas ediciones “forumianas” que en las actuales y miméticas “paniniescas”. Los dibujos de los lectores, los primeros pasos de nombres como los de Carlos Pacheco o Salvador Larroca, los dosieres que hace casi veinte años presentaban en las páginas mutantes a jóvenes talentos (algunos de los cuales lograron afianzarse en el negocio) y, por supuesto, los correos de los lectores. Ahora tenemos artículos explicativos, muchos elaborados por personas que ya hacían labor de divulgación histórica en los días de Forum (como Raimon Fonseca) y una sección de avances y hasta alguna historieta alusiva al mundillo, pero ya no es lo mismo. Terminada esta reflexión de persona “maduril” (que diría el cantautor Manuel Darío) remonto la memoria hasta un momento en el que la antigua tenedora de los derechos para España de Marvel hizo un gran despliegue de publicaciones para recuperar materiales por los que la parroquia llevaba años penando. Selecciones Marvel y Tesoros Marvel se sumaron a las Obras maestras (que llevaban diez años editándose como versión patria de los Marvel Masterworks). En el primer formato hizo su aparición, hace casi quince años, la saga del proyecto Pegaso.

La aventura en cuestión corresponde a un arco argumental particularmente recordado dentro de la colección Marvel Two in one, la cabecera en la que la Cosa compartía protagonismo con algún héroe, rentabilizando su condición de componente más popular de los Cuatro Fantásticos y aprovechando para retomar argumentos y rescatar personajes que habían quedado colgados por la cancelación de otras cabeceras. En esta historia se produce una memorable reunión de autores y empijamados que bien podría presentarse, treinta y cinco años después, como ejemplo de libro de cómo se debe afrontar la interacción entre personajes. Nada extraño, si tenemos en cuenta que los guionistas eran Mark Gruenwald y Ralph Macchio, escritores y editores en la casa de las ideas, pero también buenos conocedores de la historia de sus personajes. En la parte gráfica dos dibujantes que con el tiempo se consagrarían como dos grandes autores completos: John Byrne y George Pérez, secundados por dos entintadores tan distintos y tan condenadamente buenos como Joe Sinnott y Gene Day. Seis nombres propios con mayúsculas de la industria que hicieron lo que mejor se les daba.

El Acuariano entra en acción

Momento culminante de la historia

La historia comienza cuando Ben Grimm retorna a las instalaciones del proyecto Pegaso (otro de esos lugares recurrentes en Marvelandia para hablar de ciencia de baratillo y liarla parda cuando sea menester) donde está recluido Wundarr, un trasunto de aspecto jipi de Superman con el que desarrolla una relación de corte paternofilial. Allí se encontrará con Wendell Vaughn, Quasar, al que confundirá con un viejo enemigo de los Cuatro Fantásticos, generando el clásico combate por confusión que tantas horas de diversión (y de relleno) ha sado al género. Salvo error u omisión, diría que es una de las primeras ocasiones en las que Mark Gruenwald tiene ocasión de trabajar con el poseedor de las bandas cuánticas. Diez años después guionista y superhéroe se reunirán en una colección que aguantó, contra todo pronóstico, unos cinco años y sirvió de trampolín a la fama de un tal Greg Capullo que luego derivaría a escenarios más oscuros, pero ya me estoy yendo por la tangente. En su visita guiada por las instalaciones se encontrará con toda suerte de viejos conocidos como Bill Foster (el bioquímico amigo de Henry Pym que lo sustituyó en sus identidades de Goliat y Hombre Gigante y que acabaría cayendo en Guerra Civil) o Thomas Lightner (prototipo de científico obsesionado del que Grimm no se fía y que Gruenwald acabará recuperando posteriormente en sus trabajos con el Escuadrón Supremo). En seis trepidantes capítulos el pobre Ben hacía equipo con unos y otros contra amenazas como un lobotomizado Deathlock, un pobrecillo Nuklo, unos irredimibles Solarr y Law, un cuarteto de luchadoras donde militaba Melissa Gold en sus olvidables años pre-Thunderbolts o, como gran fin de fiesta, un Hombre Enésimo convertido en amenaza de nivel cósmico. Por en medio un capítulo más de la curiosa relación entre Ben y Thundra y la presentación de un nuevo personaje que, en honor a la verdad, no ha asomado mucho su abundoso pelo: Wundarr, el niño cósmico se convertía en el Acuariano, un ser que había entrado en una suerte de comunión con el cubo cósmico y había renacido como el guía de la humanidad hacia una nueva era. La referencia oficial a su nuevo nombre venía por el sistema estelar del que provenía (en la clásica confusión entre las constelaciones que vemos desde la Tierra y la relación real entre las estrellas que las componen) pero es bien seguro que el nombrecito venía del vetusto rollo magufo de la era de “aqueeerrrío” con la que los simplones nuevaerenses llevan dando la vara desde hace mucho.

Conociendo al Acuariano

Ben se reencuentra con Wundarr

Releyendo hace un rato el tomo en cuestión uno puede conocer cómo trabajaba Mark Gruenwald y cómo se ganó el título de enciclopedista loco. Para el autor el universo marveliano, al igual que el cochino, era aprovechable al cien por cien. Sumemos a los ejemplos de Quasar y Thomas Lightner el de Nuklo (que sacaría en un anual en el que el Capitán América decía a Lobezno que nunca sería vengador porque era un asesino). Puede que sus colegas hubieran olvidado a tal o cual personaje, pero él no, como tampoco lo habían hecho los lectores. Estos guionistas usaban la regla de la explicación de la presencia del personaje, la cual parece haber quedado en un segundo plano desde hace bastante tiempo.

En resumidas cuentas, tenemos un pequeño clásico de los setenta de la casa de las ideas que ya va pidiendo una reedición.

Escrito en Zona Negativa

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